Guía de 69 ideas de negocios para empoderarte

Cabe advertir antes de entrar en materia que esta entrada está basada en mis opiniones personales, condicionadas por mi condición de mujer, por los datos que aportaré y por mi experiencia profesional. 

 
¿Qué es el feminismo bajo mi prisma? 

 

Para mí el feminismo es el movimiento que pretende colocar a las mujeres en el lugar de la sociedad que por naturaleza le corresponde. Entiendo por naturaleza aquella que viene dada por la condición de seres humanos, la primitiva, la que como raza animal nos define como hombres y como mujeres.

Feminismo es ayudarse unas a otras, es defenderse unidas, es cuidarse y quererse cuando más se necesita, es empoderarse juntas para lograr un objetivo común, sea el que sea.

También es dirigir un país, comunidad autónoma, ayuntamiento, empresa o grupo desde el gen maternal, y no hace falta ser madre para tenerlo, basta utilizar la programación que te ha dado la naturaleza, porque eres hija, eres hermana, eres amiga, es intrínseco en ti.

Este tema lo desarrollaré en breve, creo que es la base del futuro de nuestra sociedad, y del mundo que le vamos a dejar a nuestras pequeñas.

EL FEMINISMO A LAS MUJERES

El feminismo lleva unos años en auge, un auge provocado por las violaciones y las muertes de nuestras semejantes a manos de hombres machistas y autoritarios. 

Mediante este enlace podréis valorar los datos de las mujeres asesinadas que publica el Instituto de la mujer.

Para mí, y en mi humilde opinión, el conocimiento de estos datos es el motor que lleva a millones de mujeres del todo el mundo a decir

¡BASTA!

Basta de asesinatos y basta de violaciones, pero también, basta de soportar las cargas familiares, basta de no ocupar cargos de responsabilidad o cargos en las altas esferas de la judicatura y basta de hablar de nuestro cuerpo sin estar nosotras presentes.

Mi feminismo no es el que lucha contra todos los hombres, solo contra aquellos que nos tratan como a seres inferiores anulando nuestra opinión, contra aquellos que se creen con el derecho de decidir sobre mi cuerpo, contra aquellos que esclavizan a las personas, a las trabajadoras y trabajadores, contra los que nos matan y nos violan, etc… 

Yo soy muy partidaria de la presencia masculina en nuestras reivindicaciones.

Si el hombre es el problema, también ha de formar parte de la solución.

Nuestra labor es educar, formar y vivir desde la inclusión y nunca desde la exclusión. La clave es colaborar, formar equipos mixtos que se basen en el respeto, la igualdad y la empatía. La unión hace la fuerza, y ahora más que nunca es necesario hablar y llegar a acuerdos firmes y duraderos.

A mi hijo le estoy enseñando de esta manera, le estoy inculcando que no hay colores para niñas, que no hay juguetes para niñas, que cuando es NO es NO, que solo el sí vale, y le repito, aún con su mínima edad, que es muy importante respetar el espacio de los demás y hacer respetar el suyo.

Creo que una de las primeras lacras que tenemos que eliminar es la PRESIÓN DE SER PERFECTAS!! 

Hemos de creer en nosotras y en nuestras posibilidades y conocimientos. Somos verdaderas supervivientes y el motor de la vida y sin lugar a dudas, de la sociedad.

Desde bien pequeña mi madre me educó en el feminismo.

Ella siempre defendía el papel de la mujer en todos sus ámbitos y yo aprendía alucinada de sus ganas de luchar, de sus ideales, de esa capacidad de tener las cosas tan claras. Me educó para valerme por mi misma y para no depender de ningún hombre nunca, sobre todo en el tema económico.

Me enseñó a no conformarme con lo que tenía y a mejorar siempre que las circunstancias se dieran para ello, previa preparación del terreno y con el objetivo bien definido.

Pero lo que verdaderamente me servía era verla actuar, no tantos sus palabras, sino el ejemplo de sus acciones. Ha sido una mujer adelantada a su época que tuvo que hacer cosas a escondidas de sus padres para poder ayudar a las demás.

Una trabajadora peleona que mejoró muchas condiciones laborales de muchas de sus compañeras y supo poner a sus jefes en el lugar que les correspondía cuando se sobrepasaban en sus funciones.

Recuerdo conversaciones, ya en mi edad adulta, que ella defendía a la mujer por encima del hombre. Yo discutía con ella porque no me parecía constructivo ese ideal, aunque miles de veces en mi infancia me pareciera totalmente oportuno y cierto.

Para mí la lucha verdadera es conseguir el entendimiento entre las personas, educar en la premisa de que todos los géneros tienen cosas buenas, de las cuales debemos aprender, y cosas malas que hemos de mejorar para cambiarlas.

Que esta sociedad no avanzará hasta que la empatía sea el hilo conductor de las relaciones humanas, y yo por nada del mundo me siento superior a nadie y menos por su género.

No nos pusimos nunca de acuerdo, y no era por falta de ganas, era por ser de épocas diferentes y de luchas diferentes.

Ella lucho por sus derechos sin tenerlos, y yo lucho por mis derechos disfrutando de aquellos que ella consiguió para mí. No es el mismo enfoque, por lo tanto, no son las mismas soluciones.

También es verdad que los hombres han mejorado su manera de interaccionar con las mujeres, y eso condiciona nuestra manera de pensar actual. En su época las barreras eran mucho más consistentes comparadas con las que nos enfrentamos nosotras. Tenemos a más hombres de nuestro lado, que nos entienden y nos respetan cómo personas, en cambio ella no contaba con esa baza.

Aunque para que las cosas vayan bien necesitamos más hombres, los necesitamos a todos.

Cada vez hay más mujeres que se han empoderado y reclaman valores del hombre encaminados en este sentido.

La mujer elige al hombre pensando en la descendencia, o por lo menos, así funcionaba en las primeras etapas de nuestra existencia. Si se mantiene inconscientemente esta forma de elegir pareja, ahora estos valores que mencionaba, forman parte de la lista de requisitos de algunas mujeres.

Aunque, actualmente, hay muchas mujeres aferradas a la idea de que el “hombre de cromañón” es el más sexy del mundo, y para mí no hay nada menos sexy que esa actitud.

Y con esto quiero decir, que cuantas menos mujeres valoren esta forma de ser de los hombres, antes se extinguirá esta conducta que suele ser autoritaria, violenta y mortal.

Y ellos deberán entender que ese camino no es el correcto y nosotras sólo podemos dar ejemplo y tomar buenas decisiones.

Relacionarnos atentas a las señales que puedan advertirte de que ese hombre no te conviene.

Educar a nuestras hijas con las herramientas para que identifiquen esas señales y a nuestros hijos en la empatía y la colaboración cómo única vía posible para ir de la mano con sus futuras parejas.

He vivido el maltrato, lo he visto también cerca de mí, y sólo cuando lo erradiqué tuve el valor de crearme a mí misma como persona, como madre y como profesional.

Créeme cuando te digo, que la mayoría de mujeres a las que he ayudado, han tenido que hacer este paso al frente para sentirse libres, y desde ahí, han creado su profesión y el camino a seguir para lograr sus sueños.

Si no estás bien contigo misma, si no te das el espacio que te corresponde, si no disfrutas de tus momentos a solas o con tus amig@s …

¡Tu vida no es sana y tus decisiones tampoco!

Crear desde tu interior, desde tu esencia, hará posible que mejores todos los ámbitos de tu existencia, y lograrás que tu vida tenga sentido en primera persona.

Dejarás de pensar siempre en los demás antes que en ti misma.

Lo mismo sucede con el trabajo, si no empezamos a reclamar nuestro lugar en la toma de decisiones nunca se erradicará la conducta masculina de mantenernos fuera.

Y si el mercado laboral no nos permite conciliar, no nos permite vivir dignamente, y sobre todo no deja de estigmatizarnos y condicionarnos como mujeres, la única salida es emprender.

 

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Cristina Santos

Cristina Santos

Graduada Social y Consultora de RRHH.

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